Ahí van los poemas de un amigo, poeta cordobés: Ginés Serrallo. Se que gustarán. Gracias, amigo, por compartirlos No recuerdo donde comenzó mi vida a caminar por la melancolía, recuerdo, que mis huellas se habían llenado antes de inciertas alegrías, ligeras noches anidaron por mis cabellos hace tiempo. Y ahora, cuando el otoño va dejando paso a la nieve de los años vienes tú, escarchando rocíos sobre mis sueños levantando banderas en las nubes incendiando de luz mis vacías ventanas. No me llegues con prisas pues mis batallas con la luna no tienen tiempos y en tus ojos de zafiro quiero soslayarme, interpretando cada pestañeo, como si de un misterio se tratase. No me dejas palabras con las que hilvanar un instante de lluvia sobre tus labios ni tampoco acceder a los encantos de las palabras que el amor posee, debo ser pobre de espíritu y solo poseo la paz de los condenados a sucumbir en tus abrazos. Vienes alumbrando mis sombras alzando mis vientos en tus montes; traes páginas con antiguas tradiciones y estos ojos míos, holgazanes, no se acostumbran a la fantasía de tu boca enardecida de rojos laureles. Pretendes que vaguemos por bosques y desiertos, que corramos por la esperanza y sonríamos al sol cuando somos ya, incienso que se consume. No voy a preguntarte, las cumbres no tienen razones y tu mirada serena en el crepúsculo de mi vida es todo un mundo para descubrir y conquistar en silencio. Ginés Serrallo ¿Quién eres?, me preguntaste. La sombra de tus sueños, te respondi, y volviste a preguntar ¿quién eres? Soy la mano que tiende la esperanza. Querías respuestas y no adivinanzas e insistías en la misma pregunta, yo repondía con la fe de la lluvia en mis labios. Soy la palabra que extiendes en el viento. Tu cuerpo vibraba agitando tus pupilas como si de un sueño se tratara, y en tus manos, la brisa era manto de primavera con aromas de otoño. Indagabas con la mirada, con el silencio, con el gesto de intentar conocer el misterio de la luz y su simiente. Soy el bálsamo que tus manos extienden Abriste el corazón para que fluyera la vida y te hice montaña y tu sangre ríos y tu palabra vientos y tus lágrimas lluvia y fuiste la tierra donde sembrar el futuro. Ginés Serrallo
Marisa Lozano Fuego es una joven poeta pontevedresa cuya obra, mezcla de técnica y frescura y llena de matices, la han situado ya no como promesa, sino como una realidad a seguir y una referencia dentro de la poesía española actual. Aunque utiliza todo tipo de estrofas, destacan sus sonetos, de estructura perfecta. Su poemario "Vesania", que ha visto la luz el pasado 2015 y que ella misma define como "una renovación interior", está plagado de toques íntimos, envueltos en lirismo y espiritualidad. Un profundo contenido, vestido de hermosas formas. Es un honor para mi, publicar en este blog una pequeña muestra de la obra de esta poeta, que considero debería ser de obligada lectura para todos los que amamos la POESÍA.
No me das, no te doy y no nos damos, escondemos la magia en la trastienda, pasamos de puntillas por la senda del sentir, nos creemos ser los amos. No besas y no beso, e ignoramos el valor de esta cálida contienda, nuestro fatuo propósito de enmienda nos protege de ver que nos amamos. Y quizá cuando quieras sea tarde, y si acepto rendirme ya no puedas devolverme trocitos de tu ser. Porque el tiempo en el pecho hiela y arde, y las dudas congelan nuestras ruedas en la senda tortuosa del querer. Marisa Lozano Fuego SENTENCIA (octavas reales, sáficas) Arrancaré sin compasión la daga que me clavaste al penetrar mi anhelo y sangrará la virulenta llaga de mi sentir, de tu iracundo celo y emergeré sin calidez, cual maga que en su bravura coloniza el cielo. No escucharás sobre la Tierra el llanto, las cicatrices no serán quebranto. Resurgiré resucitando aromas que derramé por abrazar tus ojos, si a mi balcón de medianoche asomas te cubriré de sinsabor y abrojos. Bostezaré resucitando malvas que se murieron con tu amor "sincero", si el corazón que me has quebrado salvas, mi desatino te dirá te quiero mas no podemos compartir más albas, mi ser precisa subsistir entero. Desgranaré mi cárdeno poema para que sangre la verdad de ahora y ese fantasma de mi oscura flema enterrará la candidez que llora. Abortaré el sentimental dilema resucitando mi violenta flora, y en esta selva volverá a brotar el fuego cruel que no precisa amar. Marisa Lozano Fuego Parece que los versos ya vomitan su extraña y descarada epifanía, parece que ya surge la poesía de estos dedos helados que te gritan y por encima de la piel levitan y confunden la noche con el día, parece que es real la fantasía, parece que en la tierra necesitan un bálsamo de luces apagadas, una caricia húmeda y silente, una manta de tierna juventud, parece que en mis brasas apagadas permaneciera el fuego omnipotente que rescató mis rimas del alud. Marisa Lozano Fuego