- Y tú, ¿por qué te has sentado a mi lado?
- Porque quiero hacer este viaje contigo.
Ella le mira con curiosidad.
- ¿Estás seguro?
- Sí, hoy estoy completamente seguro.
Ahora, con cierta prevención…
- ¿Hoy?
- Claro. Hoy empieza nuestro viaje y estoy seguro de querer iniciarlo contigo.
- Pero, ¿tú a dónde vas? (inquisitiva)
- No lo sé, ignoro el destino. No sé si me bajaré en alguna estación, o quizás seas tú la que llegues a algún lugar, donde haya alguien que te espere.
Silencio. Ella intenta procesar la falta de certezas.
- Entonces, ¿me has elegido para hacer juntos un viaje a ninguna parte?
- No, no pienses eso. Te he elegido para ver pasar a tu lado todo tipo de paisajes, desde la ventanilla de este asiento que compartimos, en este vagón que nos lleva. Te he elegido para el fuego y la vorágine y también para la placidez y la bonanza. Te he elegido “para siempre” aunque…. ignoro cuanto vaya a durar.
Se miran a los ojos, luego miran por la ventanilla, sonríen y “para siempre” comienza a transcurrir ….
Sofía B. ©
Nadie te quiere
como te quiero yo,
de este modo excesivo,
apasionado y apasionante,
entre divino y mundano,
espada flamígera,
que me atraviesa
y me desviste.
Nadie te desea como yo,
de este modo entre cómplice
y desesperado. Buscándote,
tanteándolo todo,
marchando a ciegas
en tu procura, perdida a veces
entre sombras oscuras,
que se dibujan en mis entrañas.
Nadie te añora como yo,
cuando no estás. Nadie
precisa inhalarte así,
sintiendo el eco de tus versos,
susurrados muy quedo
en mis oídos y escribiéndote,
con tiza, en el aire vocablos
profundamente enamorados.
Nadie, como yo, conoce
de ti cada rincón, cada pliegue
de tu piel, de tu alma.
Cada delirio pasional,
de esos que invaden
hasta las vísceras;
cada latido, cada destello
de tus ojos, cada sonrisa
de miel ó de algodón,
cada vigilia...
Nadie ha de amarte nunca como yo,
no lo dudes, por mucho
o muchas que te amen.
Nadie. Nunca.
Sofia B. ©
Anoche, sentí el impulso,
o la necesidad de escribir
“algo sobre nosotros”.
Entonces, llegó un instante
de frío raciocinio
y decidí callar.
Sofía B.
Hace frío sin ti, pero se vive.
(Roque Dalton)
¡Qué frío hace, sin ti!
¡Cómo hiela en el alma!
¡Cuánto frío, en tu ausencia,
aún viviendo!
No amaneces a mi lado.
No me preparas el desayuno,
ni me besas mimoso
deseándome buen día,
cuando marcho al trabajo.
No me esperas ansioso,
creándome una isla
entre tus brazos.
No me invitas a bailar
cuando llego cansada,
ni te pegas a mi cuerpo
como antes…..
como un pin a una solapa.
No susurras “te quiero”
ó “eres mi todo”,
al borde de mi oído.
He dejado de ser
la causa de tu risa
o el impulso que te eleva
y, de todo, tan solo
permanece el dolor,
aunque, tal vez un día
sin saberlo, coincidamos
porque ambos nos soñemos.
Sofia B.
No mentiré, pues soy
una yonki de ti.
Oculto, en mis entrañas,
formas parte de mí;
soy adicta a tu piel,
recia y firme,
¡sobre todo tan mía!;
soy esclava del deseo
de volar en el tiempo,
transportada en tus alas.
Soy mendiga de tus besos,
reposando serenos
en la piel donde habito
y, los deseo eternos,
siempre míos, siempre vivos.
En tu ausencia,
me hago hielo.
Nadar contracorriente,
se vuelve persistente,
me llena de fatiga.
La herida que dejaste,
aún gotea amargura
y es que, sin ti no hay versos,
falta aire, falta vida.
Sofia B.