Fotografía: Sofía B.
¡Quiero un amor para todos los momentos!.
Un amor que me arrope,
cuando el frío venga a posar su beso
en mis labios inertes.
Un amor que me arrase,
me aniquile, que invada
cada poro, cada resquicio
de mi perezosa existencia;
que humille mi altivez,
que aniquile mi soberbia.
Quiero un amor que me fulmine,
que me rompa,
que me vuelva del revés.
Que inutilice mis alarmas.
Que me contamine
de anhelos, de zozobra,
de desasosiego, de deseo
nunca del todo satisfecho.
Sería sublime entonces, morir... de amor.
Sofia B. ©
Mueves la línea curva
que lo endereza todo.
(César Ortiz)
En ocasiones,
eres todo un misterio.
Otras, sin embargo,
¡resultas… tan evidente…!
Pero siempre, unas y otras
llegas, me alcanzas
y remueves las cosas
que creía olvidadas,
dormidas.
Ejerces
cierta perversa
fascinación,
un mágico influjo
que me aleja de mi
y entonces,
desde esa distancia
extra corpórea,
apenas me reconozco.
Eso sí, siempre,
logras mover
la línea curva,
que no puedo dejar
de regalarte,
una vez y otra vez,
brava o mansa,
rauda o tardía,
feliz o desgraciada,
esquiva o sumisa,
adulta o aniñada:
mi sonrisa.
Sofia B. ©
Dicen de mi
que soy sol, mezclado
con un poco de huracán
y que mi corazón
es un jardín secreto
de muros inalcanzables.
Que mi locura es mágica
y que en mi fuego
no existe la mentira.
Todo eso me dice
una especie de carta astral,
que dice conocerme a fondo.
Yo, que todavía afronto a diario
la tarea de descubrirme,
ignoro si soy esa que describen,
o tal vez alguna otra, bien distinta.
Intentaré profundizar en el reto
del reconocimiento de mi misma,
porque hoy, tan solo sé que,
de todas esas cosas que me atribuyen,
la única absolutamente cierta,
es mi locura, el huracán
que a veces lo barre todo,
y, sin ninguna duda,
mi indudable autenticidad,
para lo bueno y lo malo.
De todo lo demás,
queda pendiente el estudio.
Sofia B. ©
Fotografía: Sofía B.
Tu eras dulce y salado.
Hallé en ti la dulzura
de los frutos salvajes
y la sal de tu mar,
en ocasiones bravo,
otras, sereno.
Derramabas pasión
y rabia contenida
por todas esas cosas
que no lograbas comprender.
Eras grillo del hogar,
y sueño de mis sueños.
Eras mil contradicciones,
la voz, el verso, el yugo
que venía a prender
a todos mis sentidos.
Eras amante, amigo,
inundando mi vida
de todos tus aromas,
e invitándome a arder
noche a noche en tu fuego.
Y fuiste primavera,
vestida de azul plumaje,
de verdes enredaderas
y al final, me hice otoño
en tus labios;
me hice invierno
entre tus brazos, hasta al fin,
irremediablemente,
morir de amor.
Sofia B. ©
Cuando me hirió...,
cuando asestó al fin la puñalada,
en vano esperé que finalmente
viniese a asistirme.
Esperé el alivio de sus manos,
esperé la ternura de sus labios…
Pero nada llegó, ni lo uno ni lo otro.
Nada vino a aliviar mi dolor.
Nada me explicó porqué el cielo
caía sobre mi, así, inesperadamente.
No hubo nada. Ni un único minuto,
ni una mirada de arrepentimiento.
NADA. Todo se hizo pedazos
en silencio, sin palabras.
Así, supe que lo más hermoso
puede romperse, en apenas un segundo.
Sofía B. ©