lunes, 6 de julio de 2015
viernes, 3 de julio de 2015
Reediciones de otoño (LAURA)
De vez en cuando se hace necesario
reeditar el alma.
Sacarla a pasear bajo la lluvia,
permitirle meter los pies al agua.
Dejarla extraviarse tras la hoja de otoño
que aspira a mariposa extemporánea.
Regalarle un algodón de azúcar
y treparla al carrusel de alguna plaza.
Darle permiso para irse de farra
y volver embriagada.
Invitarla a mirar la luna llena
de una noche de abril muy despejada.
Ir soltando sus trenzas en la brisa
para que se despeine libertaria.
Recordarle la letra de algún canto
que hace años no cantaba.
Llevarla por la calle de la mano
en sentido contrario a la manada.
Contarle un par de cosas al oído
que la dejen sorprendida y sonrojada.
Exaltarla con algún viejo poema
sobre revoluciones olvidadas.
Convidarla a un concierto a medio día
en la pérgola de alguna banda.
Relatarle una historia divertida
que la haga reír a carcajadas.
Y sentada en la mesa de un café
entregarle unas flores delicadas
mirándola a los ojos, frente a frente
y oyéndola con calma.
De vez en cuando, se hace necesario
reeditar el alma.
Laura
martes, 30 de junio de 2015
CLAVADO EN EL COSTADO
Fotografía: Sofía B.
Clavado en el costado, me dejaste
el témpano de hielo de tu ausencia.
Desde entonces, no ha vuelto
la luna a hacerme guiños, ni tampoco
me he embriagado nuevamente
de olor a mar salvaje. Cuando intento
arrancarme este dardo, siento que muero.
Me exceden tus razones y tu frío me huele
a camposanto. ¡Qué dolor tan profundo
fluye, de esta herida sangrante!.
He de dejar de amarte, no lo dudes.
Hoy intento arrancar el aguijón
que me hiere tan profundamente,
para, al fin, de modo natural, continuar
con el fatal proceso de olvidarte, ya sabes:
“irme haciendo” a la orfandad del alma.
Sofía B.®
domingo, 28 de junio de 2015
UN DÍA, EL TIEMPO...
Fotografía: Sofía B.
Un día, el tiempo
nos miró sorprendido.
Habíamos marchado,
tú en busca de las viejas raíces,
yo, fugitiva, en pos de un lazo
estrecho, que me atase,
entre lo fuerte y lo liviano.
Fue sin muecas, sin despedidas;
ni tú ni yo empleamos recursos
ya manidos, lágrimas o suspiros.
Nos separamos en silencio,
huérfanos de los sueños.
Sofía B.®
jueves, 25 de junio de 2015
miércoles, 24 de junio de 2015
¿INTENTARLO? ¡SIEMPRE!
“Un
sueño puede mantenerte en pie, cuando a tu alrededor todo se derrumba.”
“Hazlo, o no lo hagas, pero no lo intentes”. Esta frase, pronunciada por el maestro Yoda en uno de los films de la serie de culto “La guerra de las galaxias” pretendía convertirse en una máxima, en una filosofía de comportamiento. Sin embargo, resultó en realidad uno de los peores consejos que se podría dar a quienes afrontan la vida con ilusión y valentía.
Pasamos la vida haciendo planes, que sabemos, en nuestro interior, que nunca culminaremos; perseguimos un sueño, conscientes de que nunca se hará realidad. Pero esto, a pesar de que pudiera parecer frustrante e incluso llegar a serlo, se convierte en la tabla de salvación a la que aferrarnos cuando la realidad nos supera.
La vida, sin ilusiones, se convierte en un camino de espinas, en una montaña imposible de coronar. Por eso, el abrir una ventana a la esperanza en forma de proyecto –aun cuando sea previsiblemente quimérico- nos aporta el oxígeno suficiente para seguir adelante. Hallamos un motivo por el que seguir abriendo los ojos cada amanecer, para levantarnos dispuestos a enfrentar el día a día. En esos momentos, el proyecto/sueño anhelado, produce el mismo efecto que la vista de un arroyo cristalino al que está muriendo de sed: el impulso desesperado de continuar avanzando –arrastrándose si fuese menester- hasta llegar al líquido precioso, sinónimo de vida.
Cuando fallan las fuerzas resulta lógico sentir la tentación de tirar la toalla, a pesar de saber que la renuncia es la peor de las opciones. Vale la pena entonces echar mano de todas nuestras reservas de autoprotección e instinto de conservación, y decirnos a nosotros mismos que no importa cuánto demoremos los plazos de llegada, siempre que continuemos en el camino. Que no importa cuánto tardemos en alcanzar la meta, ni lo lejana que ésta se encuentre, siempre que no renunciemos a llegar algún día.
Y tal vez no llegaremos; por más que persistamos, nunca hay garantías. A veces la tentativa se queda en eso, mera tentativa, pero de cualquier modo siempre habrá valido la pena el intento por si mismo, aunque no dé el fruto deseado. Estamos realmente vivos en tanto mantenemos vivas nuestras ilusiones, nuestros sueños. Cuando ellos mueren, nos convertimos en seres grises; en almas sonámbulas perdiéndose en la oscuridad de la nada.
Sofía B.®
sábado, 13 de junio de 2015
Pena y Alegría del Amor
Mira cómo se me pone
la piel, cuando te
recuerdo...
Por la garganta me
sube
un río de sangre
fresco,
de la herida que
atraviesa,
de parte a parte mi
cuerpo.
Tengo clavos en las
manos,
y cuchillos en los
dedos,
y en mi sien, una
corona
hecha de alfileres
negros.
Mira cómo se me pone
la
piel ca vez que me acuerdo
que
soy un hombre casao
¡y sin embargo, te
quiero!
Entre tu casa y mi
casa
hay un muro de
silencio;
de ortigas y de
chumberas,
de cal de arenas y
de viento,
de madreselvas
oscuras
y de vidrios en
acecho.
Un muro para que
nunca
lo pueda saltar el
pueblo,
que anda rondando la
llave
que guarda nuestro
secreto.
Y yo bien sé que me
quieres,
y tú sabes que te
quiero,
y lo sabemos los
dos,
y nadie puede
saberlo...
¡Ay, pena, penita,
pena
de nuestro amor en
silencio!
¡Ay, qué alegría,
alegría
quererte como te
quiero!
Cuando por la noche
a solas,
me quedo con tu
recuerdo,
derribaría la pared
que separa nuestro
sueño.
Rompería con mis
manos
de tu cancela los
hierros
con tal de verme a
tu vera,
tormento de mis
tormentos,
y te estaría besando
hasta quitarte el
aliento.
Y luego... ¡qué se
me da
quedarme en tus
brazos, muerto!...
¡Ay, qué alegría y
qué pena
quererte como te
quiero!
Nuestro amor es
agonía,
luto, angustia,
llanto, miedo,
muerte, pena,
sangre, vida,
luna, rosa, sol y
viento.
Es morirse a cada
paso
y seguir viviendo,
luego,
con una espada de
punta
siempre pendiente
del techo.
Salgo de mi casa al
campo
sólo con tu
pensamiento,
por acariciar a
solas
la tela de aquel
pañuelo
que se te cayó un
domingo
cuando venías del
pueblo,
y que no te he dicho
nunca,
mi vida, que yo lo
tengo;
y lo estrujo entre
mis manos
lo mismo que un
limón nuevo,
y miro tus
iniciales,
y las repito en
silencio
para que ni el campo
sepa
lo que yo te estoy
queriendo...
Ayer, en la Plaza
Nueva,
- vida, no vuelvas a
hacerlo-
te vi besar a mi
niño,
a mi niño, el más
pequeño,
y cómo lo besarías,
¡ay, Virgen de los
Remedios!
que fue la primera
vez
que a mí distes un
beso.
Llegué corriendo a
mi casa
alcé mi niño del
suelo
y, sin que nadie me
viera,
como un ladrón en
acecho,
en su cara de
amapola
mordió mi boca tu
beso,
¡Ay, qué alegría y
qué pena
quererte como te
quiero!
Mira: pase lo que
pase,
aunque se hunda el
firmamento,
aunque tu nombre y
el mío
lo pisoteen por el
suelo,
y aunque la tierra
se abra,
aun cuando lo sepa
el pueblo
y pongan nuestra
bandera
de amor a los cuatro
vientos,
¡sígueme queriendo
así
tormento de mis
tormentos!
¡Ay, qué alegría y
qué pena
quererte como te
quiero!
RAFAEL DE LEÓN
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