jueves, 18 de septiembre de 2014
martes, 16 de septiembre de 2014
domingo, 14 de septiembre de 2014
viernes, 12 de septiembre de 2014
VESTIDA DE BRISA
Hoy ya la soledad no tiene puertas
y los recuerdos saben a ternura,
haciendo añicos las intenciones.
Me he vestido de brisa
para salir a buscarte, anhelando
ser de nuevo tu aire.
Y, qué tal si arrojamos
a la hoguera del olvido
los dardos del rencor,
las lanzas del reproche..
sí cerramos la caja de los truenos
sin vencedores ni vencidos.
Podríamos comenzar,
ignorando que ayer
fuimos deseo,
para ser otra cosa
o lo mismo,
o nada quizás.
Hoy podría ser
el primer día
del tiempo de la armonía;
yo estoy presta a utilizar
antiguas trampas,
a zurcir la telaraña
capaz de atraerte,
de atraparte.
¿Te atreverás a desnudarte
ante mí, una vez más
aún en la incertidumbre?
No calles. Dí, ¿te atreves?
Sofía B. 2006 ©
jueves, 11 de septiembre de 2014
ALGUNOS POEMAS DE JOSÉ A. BUESA
A UNA LÁGRIMA
Gota del mar donde en naufragio lento
se hunde el navío negro de una pena;
gota que, rebosando, nubla y llena
los ojos olvidados del contento.
Grito hecho perla por el desaliento
de saber que si llega a un alma ajena,
ésta, sin escucharlo, le condena
por vergonzoso heraldo del tormento.
Piedad para esa gota, que es cual llama
de la que el corazón se desahoga
cual desahoga espinas una rama.
Piedad para la lágrima que azoga
el dolor, pues si así no se derrama,
¡el alma, en esa lágrima se ahoga!
José A. Buesa
ARIA DE LUTO
Tendrá que suceder, hoy o mañana,
en cualquier parte y de cualquier manera,
--puede ser que bajando una escalera
o puede ser que abriendo una ventana.
Sucederá tal día de semana,
sencillamente, sin llover siquiera,
en el banco de un parque en primavera
o en un hotel de una ciudad lejana.
Así sucederá, como un espejo
que se queda de pronto sin reflejo,
porque crece la sombra o porque sí.
Irá de puerta en puerta un viento loco,
y tú también te morirás un poco
con algo tuyo que se muere en mí...!
José A. Buesa
POEMA DEL OLVIDO
Viendo pasar las nubes fue pasando la vida,
y tu, como una nube, pasaste por mi hastío.
Y se unieron entonces tu corazón y el mío,
como se van uniendo los bordes de una herida.
Los últimos ensueños y las primeras canas
entristecen de sombra todas las cosas bellas;
y hoy tu vida y mi vida son como las estrellas,
pues pueden verse juntas, estando tan lejanas...
Yo bien sé que el olvido, como una agua maldita,
nos da una sed mas honda que la sed que nos quita,
pero estoy tan seguro de poder olvidar...
Y miraré las nubes sin pensar que te quiero,
con el hábito sordo de un viejo marinero
que aun siente, en tierra firme, la ondulación del mar.
Jose A. Buesa
SER INVIERNO
Hoy quisiera ser corazón de hielo.
Ser invierno.
Reunir mis escasas pertenencias,
y buscar una cueva propicia
donde hibernar los sentimientos,
lejos de olvidos dolorosos.
Ser invierno.
En primavera la sangre fluye desordenada,
sin contención posible de las pasiones
y desemboca en huidizas aguas;
en corrientes convertidas en torbellino.
Hay ilusiones
con vocación de efímeras.
Pero yo quiero ser invierno.
Ser invierno, y no sentir
el azote del frío,
el rigor de la nieve en el alma
o la tristeza de los árboles desnudos.
Ser invierno,
y desposeerme de fragancias,
de colores,
dormitar en los brazos
de algún sueño indulgente.
Es tiempo de abstracción,
y yo quisiera ser invierno.
Sofía B.
lunes, 8 de septiembre de 2014
LA POESÍA INTIMISTA DE LOURDES CAÑELLAS HAMUD
Retén
Retén el rojo, la luz, las lámparas,
retén las estaciones en los ojos,
prepara el equipaje del viaje no sabes hacia donde
quizás con sobrepeso
¿Podrás partir cuando den las campanadas?
Retén la tarde,
haz amistad con las paredes que despides,
aráñalas, emprende.
No queda más que morir en esta pausa,
bajarte
echar a andar con el adiós en un costado
con la materia sudando despedidas,
con todas las muertes necesarias.
Retén el rojo, la tarde,
sirve con dignidad la mesa en la que faltes
quítate del paisaje.
Retén el rojo, retén las estaciones,
la media luz de los besos perdidos.
Lourdes Cañellas Hamud
Retén el rojo, la luz, las lámparas,
retén las estaciones en los ojos,
prepara el equipaje del viaje no sabes hacia donde
quizás con sobrepeso
¿Podrás partir cuando den las campanadas?
Retén la tarde,
haz amistad con las paredes que despides,
aráñalas, emprende.
No queda más que morir en esta pausa,
bajarte
echar a andar con el adiós en un costado
con la materia sudando despedidas,
con todas las muertes necesarias.
Retén el rojo, la tarde,
sirve con dignidad la mesa en la que faltes
quítate del paisaje.
Retén el rojo, retén las estaciones,
la media luz de los besos perdidos.
Lourdes Cañellas Hamud
Habitante del siglo
Cuando de una mujer
- habitante aún incómoda del siglo -
se habla
o desconocen donde van sus pasos,
quizá esté descubriendo alguna alquimia
algún camino nuevo
u otra forma de amar.
No la perdonarán las lenguas
ni saldrá en ningún libro
no aportará nada ni al mundo ni a los hombres
a la evolución, a la especie.
Pero ay, si la leyeran,
tal vez sabrían de las cuerdas
en que vibran sus nervios,
de los tejidos de la soledad,
o la estructura del amor,
de la incomodidad del siglo.
Tal vez, señores, esté escribiendo algún poema
y un día quizás, la reconozcan.
Lourdes Cañellas Hamud
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